Muy queridos Pueri Cantores
Queridos directores y padres,
uno de los momentos más importantes de nuestro Congreso es La Oración por la Paz, según la tradición de los Pueri Cantores. Podemos decir que nuestra Federación nació en el seno de la Iglesia a partir de la preocupación evangélica por la paz. Para nosotros cristianos, la verdadera paz viene de Cristo mismo. Sabemos perfectamente que el día de su resurrección Jesús trajo la paz a los Apóstoles y ellos llevaron esta paz como una buena noticia para todo el mundo. Todos recordamos la idea de Mons. Maillet, un día todos los niños del mundo cantarán la paz de Cristo. La oración de los niños, de los adolescentes, de los jóvenes, y además cantada con fe, se convierte en una forma muy eficaz de construir la paz entre los hombres.
Nuestra Oración por la Paz durante el Congreso de este año se presenta en el marco de la adoración eucarística. Adoración significa estar en la presencia de Dios, en la presencia de Cristo nuestro Salvador, que aparece bajo el signo del Pan. La adoración también significa un volverse lleno de confianza hacia el Padre, con la fuerza que viene del Espíritu Santo, repitiendo con amor: Padre nuestro! El signo eficaz y real de esta presencia de Dios mismo en la Hostia blanca, el pan, que con la fuerza del Espíritu Santo y con las palabras de Cristo se convierte para nosotros en el verdadero Cuerpo de Cristo Salvador, el Hijo de Dios. Este signo es tan simple y elocuente: el signo tangible de la presencia de Aquel que no podemos tocar, el signo visible de la presencia de Dios invisible, el Pan – Cuerpo de Cristo, que se ofreció en el sacrificio de la cruz para devolvernos la posibilidad de mejorar nuestras vidas y traspasar victoriosamente el umbral de nuestra muerte.
Queremos durante esta breve adoración eucarística detenernos junto a Aquel que nos ha amado tanto. En este pedazo de Pan vemos un signo de su aniquilamiento. Es el signo del verdadero amor, no de un amor falso. No es el amor que se nos presenta en los carteles. Es un amor marcado por el sufrimiento y la muerte. Manteniéndonos aunque sea brevemente junto a Él en este Misterio, esperamos llenar nuestros corazones con la fuerza de su amor, que tanta falta nos hace. Necesitamos esta fuerza frente a la abrumadora fuerza del mal, que serpentea en distintos aspectos de la vida de nuestra sociedad: afecta a nuestras familias destruyendo la paz, a la unidad entre los hombres y a la serenidad mirando hacia el futuro. Sabemos que el mal se vence con el bien, pero es necesario tener junto a nosotros al verdadero Vencedor, Jesucristo. Su victoria de Pascua es capaz de dar frutos en nuestra época. Pero para esto Jesús nos necesita, necesita que nuestros corazones estén llenos de su valor.
El poder del amor de Cristo es como la luz, como la débil llama de una vela. Para encender otra vela basta con acercarla a esta llama. Y vemos que a la que estaba encendida no le hemos quitado nada, mientras que la nueva aumenta la luz existente. Para encender la vela de nuestro corazón debemos acercarnos a Cristo, escuchándolo y estableciendo lazos de amistad con Él. Cuando nuestro corazón brilla con el amor, entonces podemos comunicarlo a los demás. Nosotros, como Pueri Cantores, lo hacemos con nuestro canto y con nuestro comportamiento digno de las personas que tienen fe. Cuando la luz brille en nuestros corazones, también nuestro canto será como un rayo o como una antorcha capaz de prender amor, esperanza y paz en los corazones humanos. Ese es nuestro trabajo, que es la gran maravilla de Dios en la cual estamos participando.
Veamos cómo es importante desde este punto de vista la proximidad de las personas y especialmente la proximidad con Cristo. Pero para estar cerca de Él, necesitamos signos tangibles, prueba de su presencia real. Y aquí tenemos este Pan Santo, el gran misterio de la Eucaristía, que nos hace presente a través de los siglos la Persona de Cristo Salvador. ¡Y más! Así como necesitamos pan cada día, así la presencia de Cristo bajo la especie del Pan eucarístico se presenta como absolutamente necesaria para nuestra vida. La fuerza de este Pan viene del Misterio Pascual de Cristo, de su muerte y de su resurrección. Cuando comemos este Pan, se convierte en parte de nuestro cuerpo y la fuerza de Cristo llena nuestra alma y nuestro corazón. Cuando permanecemos recogidos rezando ante Cristo presente en este Pan, que vemos y podemos tocar, se crea entre Cristo y nosotros un fuerte lazo de amistad. ¡Amistad con Dios! ¿No es una maravilla?
Dejémonos llevar por esta verdad tan profunda y tan maravillosa. Nuestro profundo agradecimiento y admiración ante el misterio eucarístico son parte de nuestra oración. Cuando el creyente se da cuenta de cómo Dios realiza su plan de salvación, queda verdaderamente sorprendido. Nos damos cuenta de que cada persona es importante para Dios.
Muchos de vosotros no tendréis la posibilidad de participar en el Congreso de Roma, pero todo podemos y debemos rezar por la paz. Con esta oración nos volvemos más Pueri Cantores auténticos: jóvenes de corazón, unidos a Cristo y mensajeros de su paz en nuestro mundo.
Os encomiendo a todos a la Madre de Dios, Reina de la Paz, primer Discípulo de Cristo Maestro que ha comprendido completamente el Misterio de su Hijo.
p. Stanislaw Mieszczak SCJ
asistente eclesiástico FIPC