Cracovia, 23 de junio de 2011
Solemnidad del Corpus Christi
Apreciados Padres
P. Stanislaw Mieszcak SCJ, asistente eclesiástico FIPC,
Asistentes eclesiásticos de las Federaciones de Pueri Cantores,
Asistentes eclesiásticos de los coros de las Federaciones,
En la Eucaristía, que cada uno de nosotros hoy adora y celebra con una atención particular, y que nosotros llevamos a las plazas de nuestros pueblos y ciudades en una procesión solemne, encontramos el sentido de nuestra vida sacerdotal. En la Eucaristía cada uno de nosotros nace como sacerdote y ella nos ayuda a crecer espiritualmente. De hecho nuestra fuerza viene de la Eucaristía. Ante Jesús que está presente en el Santísimo Sacramente, nos ponemos de rodillas llenos de veneración y rogamos por el pueblo que nos ha sido confiado. Hoy es la fiesta de Cristo presente en la Eucaristía, pero hoy es también la fiesta de cada uno de nosotros. Sin la Eucaristía nuestro sacerdocio no existiría. Es la fiesta de nuestra unión sacerdotal. Vivimos en diferentes continentes y en diversas culturas, pero nosotros estamos unidos por el sacerdocio y el servicio a la Eucaristía. En ella encontramos la fuerza para continuar el anuncio de la Buena Nueva. Jesús mismo, presente en el Santísimo Sacramento, da el verdadero sentido a nuestra vida y a nuestra vocación.
Esta es, queridos hermanos, la verdadera razón que me ha motivado a escribiros una carta, una carta de saludos fraternos a todos cuantos hacéis vuestro servicio pastoral a los Pueri Cantores de todo el mundo. Quiero manifestaros mi agradecimiento y mi solidaridad con todos vosotros. Nuestro servicio a los Pueri Cantores es muy importante y necesario. En la perspectiva sacramental, sobre todo a través de la Eucaristía, nos encontramos con nuestros jóvenes cantores y sus familias, con los directores de coro que ayudan a los cantores. Quiero agradeceros especialmente vuestro compromiso, vuestra generosidad, vuestra entrega y todo lo que hacéis por los Pueri Cantores, por el más pequeño de todos ellos en todo el mundo. Vuestro trabajo nunca será valorado suficientemente. Nuestra Federación fue fundada por un sacerdote, con la ayuda de tantos sacerdotes que colaboraron con él desde el principio. Actualmente la mayor parte de la responsabilidad está en manos de los laicos y nosotros debemos ayudarles. Os pido encarecidamente que no dejéis solos a estos laicos, nuestros extraordinarios amigos, en la búsqueda de Dios en el hombre. Pensemos en todos los presidentes, directores de coro, ayudantes, en todos los que llevamos en nuestro corazón cuando rezamos. Ellos nos necesitan y confían mucho en nuestra ayuda.
Viajando de una parte a otra del mundo, visitando a las distintas Federaciones, encuentro a menudo a muchos de vosotros y veo vuestra entrega y vuestro trabajo. A veces me viene a la cabeza la idea de arrodillarme ante vosotros y besar vuestras manos sacerdotales, como se hacía al terminar la primera misa: estas manos que bendicen y que ayudan, estas manos que llevan la curación divina. Hagamos nuestro servicio específico, junto con los demás servicios importantes también y estemos convencidos que servimos a Dios que está presente en nuestros pequeños cantores. Debemos precisar que son el verdadero futuro de la Iglesia. Sólo Dios conoce cómo vuestro trabajo, el de ocuparse de un solo coro de un solo cantor, tiene un sentido educativo. La formación de un joven, de un buen cristiano, produce frutos en su vida adulta. Les enseñamos cómo hay que escoger entre el bien y el mal. Ayudémosles a dialogar con Dios; quizás nosotros debemos acompañarles al principio. Este es un trabajo por el futuro de la Iglesia. Si podemos contribuir a proteger la presencia de Dios en el corazón de nuestros cantores, en nuestros coros, entonces al final de los tiempos Dios mismo nos abrirá las puertas de su Reino diciendo: ven, siervo bueno y fiel… Gracias por vuestro trabajo. No os desaniméis. Intentemos encontrar nuevos métodos para hacer más viva la presencia de Dios en el corazón de los Pueri Cantores de todo el mundo. Ahí es donde aparece la necesidad de vuestra aportación para crear un programa de la espiritualidad de los Pueri Cantores. Vuestra aportación consiste en el hecho que celebráis tantas misas, que escucháis tantas confesiones y les hacéis gustar la gracia de la reconciliación con Dios y con los hombres! Vuestra aportación se manifiesta también en la adoración y la oración por estos jóvenes.
Hay todavía muchos lugares donde es necesario el servicio de un sacerdote. Hay personas que lo necesitan tanto, que esperan, y por esto os pido que lo hagáis con un corazón generoso. Sabemos que nuestra ayuda se manifiesta especialmente por medio de la oración. Me acuerdo de lo que decía Juan Pablo II, cuando unos días después de su elección se dirigió a sus colaboradores para preguntarles lo que un Papa debía hacer. Uno dijo que había que hacer caer el comunismo, otros que había que oponerse al materialismo, y él les contestó: sabed que pienso que el Papa debería rezar más. Sabed que él lo hacía con seriedad. Por esto tengo una proposición para haceros: que nosotros los sacerdotes de los Pueri Cantores, presentes en todo el mundo, nos podamos unir formando un solo coro orante y todos los días podamos ofrecer nuestra Hora media por todos los que forman la familia de los Pueri Cantores. Este es nuestro compromiso. Llevo haciéndolo desde hace algún tiempo y os invito a hacerlo también.
Finalmente otra idea que quiero compartir con vosotros. Veo claramente en al perspectiva de estos dos últimos años, cómo el Señor obra con su pueblo. El Señor da su gracia a su pueblo. Además he visto cómo su Iglesia está viva entre nosotros. Nuestros cantores son el futuro de nuestra Iglesia y quizás en el futuro nos sustituirán. Roguemos también por las vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa en la comunidad de los Pueri Cantores. Nuestro Señor ha dicho: os conocerán por vuestros frutos. Que seamos reconocidos como auténticos discípulos de Cristo.
Os pido que abracemos con la oración a la Iglesia viva – icono de Cristo en los Pueri Cantores.
Robert Tyrala, presidente FIPC